INTELIGENCIA ESTRATÉGICA EL SIGUIENTE PASO


Pese al Covid19
, el mundo sigue girando, algunos países casi que han retomado su ciclo habitual, sea este bueno o no tanto, algunos han vuelto a reactivar sus economías en forma excepcional, otros han vuelto a no resolver nada, pero lo que ciertamente las Potencias y países desarrollados no han dejado de hacer es de hacer Inteligencia. 

Ciertamente, hoy día la Inteligencia (Icia) abarca y opera cada vez más en sectores que jamás hubiéramos pensado antes y a los que consideraríamos completamente ajenos a su ámbito. Sumemos a esto que se está gestando una combinación particular de Inteligencia Estratégica, Geopolítica y Análisis Financiero. 

Es así como podemos visualizar que actualmente existen tres tipos de transformaciones de Icia, a saber, conceptual, tecnológica y operativa. 

En el primer caso, se trata de un paradigma de Icia nuevo y original.  Se podría decir que se trata de un mecanismo basado en la identificación de la necesidad de información – investigación - procesamiento y análisis - difusión - retroalimentación, pasamos a lo que algunos ya llaman "inteligencia de posición". En otras palabras, estamos llegando a un mecanismo de información que continuamente percibe datos y los procesa, y luego los difunde de manera permanente y continua a quienes tienen que utilizarlos.

Si bien el antiguo modelo de Icia era "positivista", es decir, se trataba de datos objetivos y empíricos únicos para ser incluidos en un proceso de toma de decisiones que no está determinado por la Icia, actualmente se trata de construir un seguimiento continuo, no de datos, sino de comportamientos políticos, percepciones de la realidad por parte del enemigo-oponente, así como fenómenos complejos que llegan constantemente a la matriz de Icia desde diferentes partes y áreas.

Si bien en el pasado la Icia era rapsódica y temporal, a la carta de los políticos y, en ocasiones, incluso no solicitada, actualmente se convierte en el núcleo estable de las decisiones políticas, estratégicas, económicas e industriales. Lo que obviamente, genera como resultado una nueva relación entre los políticos y los Servicios de Inteligencia.

Si bien, en una época que ya hemos definido como "positivista", contaban los hechos, las noticias y las novedades desconocidas del enemigo-oponente, lo que importa actualmente es la integración cada vez más evidente entre el sistema de Icia y los políticos.

Evidentemente, existe un peligro que no debe pasarse por alto, es decir, el peligro que, sin siquiera darse cuenta, los Servicios de Icia asuman responsabilidades y roles que deben ser propios de los órganos electivos únicamente. Pero ciertamente la Icia juega actualmente un papel mucho más importante que en el pasado.

Otro elemento clave de la transformación conceptual de la Icia es el uso no solo de tecnologías de la información altamente avanzadas y potentes, sino también de paradigmas científicos que desconocíamos hace tan solo unos años. Pensemos solamente en la inteligencia artificial, pero también en la computación en la nube, la teoría de algoritmos y las cadenas de Markov, y aquí nos limitamos a las matemáticas que sustentan la informática y tecnologías actuales. 

Pero también está la etología humana, una evolución extraordinaria de la etología animal de Konrad Lorenz, así como la psicología social, el análisis sociológico y la psicología científica profunda.  No cabe duda que debe utilizarse para analizar, por ejemplo, los comportamientos de masas que parecen impredecibles, así como las reacciones psicológicas tanto de las clases dominantes como de las masas, y las interacciones entre los diversos comportamientos de grupo de un país.

Nada que ver con el antiguo Kuk Evidenzbureau, que informaba al Estado Mayor Austro-Húngaro de los movimientos de las tropas enemigas o de los amantes de los distintos generales.


Estamos vivenciando una unión sustancial entre Icia y toma de decisiones políticas o, mejor dicho, entre el pensamiento que produce la Icia y los fundamentos de la toma de decisiones políticas.

En aquellas viejas épocas de los Servicios de Icia, veíamos operaciones de como la CIA a menudo intentó envenenar la barba de Fidel Castro.  Hoy, más allá de la dudosa racionalidad de esa operación, sería cuestión de utilizar, por ejemplo, la publicidad, las series de televisión, las películas de Hollywood, los ciclos del mercado del azúcar, del turismo o del tabaco, no para envenenar la barba del difunto Fidel, sino para poner la economía cubana y el sistema de toma de decisiones en crisis estructural. Esto sin perjuicio de lo ético o moral que pueda resultarnos.

Podemos inferir además que la realidad y los hechos han demostrado que esa idea de la idea típica de la cultura política anglosajona, según la cual, una vez eliminado el "tirano", todo puede estar bien y volver a su lugar, no ha dado resultados positivos.

Otro factor de la transformación conceptual de la Icia es la velocidad, no podemos estar ajenos a la inmediatez a la que las redes informáticas permiten la recolección de datos en tiempo real respecto a hechos y, por tanto, favorecen decisiones de amplio alcance.

En lo que a tecnología se refiere, es bien sabido que tanto las redes de IA, las nuevas estructuras de cálculo, como las redes para escuchar y manipular los datos enemigo-oponente son tales que permiten operaciones que antes ni siquiera eran imaginables. En esta coyuntura, sin embargo, hay dos problemas:

A) Todos tienen las mismas herramientas disponibles y, por lo tanto, el peligro de no "completar con éxito" la operación es grande, a diferencia de cuando las operaciones de los Servicios de Icia se basaban en las habilidades, el rol y las habilidades de disimulación. de algunos operativos, o en tecnologías confidenciales y restringidas.

  B) El otro problema es la manipulación de la inteligencia: un país que piensa ser un objetivo puede difundir - en redes ad hoc - noticias manipuladas, malware, datos e información que son completamente falsos, pero plausibles, y pueden modificar todo el sistema de información del país bajo ataque. 

Otro problema de las tecnologías de inteligencia actuales es su distancia de los centros de toma de decisiones políticas "tradicionales". Un Jefe de Estado ó un Ministro debe saber lo que sale del sistema de Icia. Sin embargo, es tan especializado y sectorial que es probable que la distancia entre el procesamiento de datos técnicos y el "lenguaje natural" de la política haga que los datos sean ambiguos o poco claros y de poca utilidad.

Además, hay que señalar un factor puramente conceptual: si juntamos el análisis de los ciclos financieros, del cambio tecnológico, de las finanzas públicas y de los sistemas políticos y militares, debemos conectar sistemas que operen de forma relativamente autónoma entre sí. En otras palabras, no existe una "ciencia del todo" que pueda conectar de manera significativa sectores tan diferentes.

Por tanto, existe el peligro de proyectar los efectos de un sector sobre otro poco influenciado por él, o de creer que, posiblemente, si la economía va bien, también la deuda pública, por ejemplo, irá bien. 

De tal manera, el espacio para la toma de decisiones políticas es mucho más amplio de lo que creen los analistas de Icia modernos. La toma de decisiones políticas todavía está formada por la historia, las tradiciones político-culturales y las percepciones de la realidad que están moldeadas por muchos años de formación psicológica y conceptual.

Con referencia específica a la operatividad, una vez más estamos ante cambios radicales. Hace años, estaba el único "operativo" que tenía que decidir solo - o con muy poco apoyo del "Centro" - qué hacer en el lugar y con quién tratar.  Hoy, obviamente, sigue estando el individuo operativo, pero está conectado con el "Centro" de otra manera y, en todo caso, imagina su rol de otra manera. 

En el nivel de la toma de decisiones políticas, la Icia siempre está operativa, porque la realidad es tan compleja y técnicamente sutil que ya no permite ni siquiera al estadista más experimentado "seguir su olfato". Sin embargo, la principal paradoja del problema es que la Icia no puede asumir roles políticos que impliquen una elección entre opciones equivalentes.  Esta es inevitablemente la esfera de la política. 

Otro factor de la transformación operativa es la presencia inevitable de operativos de Icia en las finanzas, en el mundo científico, en la consultoría empresarial de alto nivel, en la publicidad, la comunicación y los medios. Por tanto, la Icia se ha desmilitarizado progresivamente y está operando cada vez más en sectores que antes hubiéramos pensado que eran completamente ajenos a los servicios de inteligencia. En cambio, actualmente son los centrales.

Además, actualmente estamos siendo testigos de una combinación particular de inteligencia estratégica, geopolítica y análisis financiero. ¿Por qué el ámbito financiero? Porque es la función económica más móvil y extendida. 

Asistimos al nacimiento de una nueva profesión, la geopolítica monetaria. Por lo tanto, también estamos presenciando la evolución de dos nuevos tipos de Icia, a saber, la Icia de mercado (MARKINT) y la Icia financiera (FININT). 

Un problema antiguo y nuevo es el secreto. Cuanto mayor sea el uso de la vieja y la nueva inteligencia, menos podrá guardar el secreto, que es esencial ahora como lo fue en el pasado.

¿Cuál ha sido siempre el objetivo de la Incia estratégica? Predecir fenómenos a partir de un contexto determinado. Los contextos, sin embargo, cambian rápidamente y la interacción entre sectores es tal que cambia el efecto de los pronósticos.

Las técnicas formalizadas para el análisis - toma de decisiones son múltiples: minería de datos de Icia, “tecnologías de cuadrícula”, creación e intercambio de conocimiento, análisis semántico, necesidades clave de inteligencia (KINS Key Intelligence Needs) y muchas otras.


Operaciones todas que muchas veces son necesarias, pero que en la actualidad hay que destacar dos factores propios de la cultura de la inteligencia norteamericana que, lamentablemente, también afecta negativamente a los modelos utilizados por los aliados estadounidenses.

El primer aspecto es que, curiosamente, se proponen los mismos modelos formales tanto para empresas como para Estados. Un Estado no tiene que maximizar las ganancias, mientras que una corporación lo hace, al menos en igualdad de condiciones con sus competidores. Un Estado no es un "competidor" de los demás y, en última instancia, un Estado no tiene una "ventaja comparativa" específica sino, por el contrario, algunas de sus empresas la tienen, si esto sucede. Por tanto, la superposición entre la Icia empresarial, que actualmente es necesaria, y la Icia de los Estados es un sesgo conceptual, propio de quienes creen que un Estado es, como dijo Von Mises, "la sociedad anónima de quienes le pagan impuestos". Para las empresas, es obvio que todas las operaciones de Icia específicas y originales deben ser conocidas por el aparato del Estado, que puede coordinarlas o no, considerando que inevitablemente cuentan con datos adicionales. Por otro lado, algunas operaciones comerciales pueden resultar muy útiles para la Icia. Por tanto, se necesitaría una estructura para unir las dos "líneas" de operaciones y, sobre todo, se necesita un nuevo concepto de Icia.

En el pasado, las operaciones de los Servicios de Icia eran en gran parte defensivas: saber algo justo antes de que sucediera, para evitar que las operaciones adversas de un Estado afectaran sus propios recursos, pero todo ello con límites de tiempo a menudo mínimos.

Ahora necesitamos inteligencia expresamente ofensiva que pueda atacar las redes (comerciales, económicas y estratégicas) de los oponentes antes de que se muevan y a su debido tiempo.

Estas realidades fácticas son de impacto en todos los Estados sin importar cuan grandes o pequeños puedan ser, todos son parte de la sinfonía de las Naciones y quien sepa mas mejor va a poder proceder, en un mundo altamente competitivo, demandante y expuesto a los egoísmos y miserias intelectuales, quien tenga la mejor Icia será quien mejor pueda posicionarse y dar a sus ciudadanos lo mejor de un mundo seguro y próspero.


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