El fraude en seguros ya no es artesanal: cómo Argentina ahorró $2.314 millones combatiendo estafas cada vez más sofisticadas
CESVI Argentina premió los mejores casos de investigación antifraude del año, en una edición que dejó una certeza incómoda para el mercado asegurador: los estafadores profesionalizan sus métodos al mismo ritmo que las compañías profesionalizan su defensa.
El dato es contundente: $2.314.603.598. Ese es el ahorro acumulado que reportaron las aseguradoras participantes del Concurso Nacional de Lucha contra el Fraude en el Mercado Asegurador 2026, organizado por CESVI Argentina, y la cifra —aclaran los propios organizadores— es parcial, porque no todas las compañías informaron el impacto económico de sus investigaciones. Lo que sí quedó claro en la ceremonia de premiación realizada en Buenos Aires es que el fraude en seguros dejó de ser un problema artesanal para convertirse en un desafío de inteligencia, tecnología y coordinación institucional.
Un termómetro anual del fraude en el mercado asegurador
El concurso, que este año llegó a una nueva edición, funciona como una suerte de auditoría colectiva del sector: recibió más de 70 casos presentados por profesionales de distintas compañías de seguros, evaluados por un jurado que combinó mirada judicial, regulatoria y académica. Lo integraron Gabriela Bruzzese, vicepresidente de la Asociación Argentina de Productores Asesores de Seguros (AAPAS); Javier Fernández, juez nacional en lo Civil y director ejecutivo de la Academia de Intercambio y Estudios Judiciales (AIEJ); Javier Iacobelli, subgerente antifraude de Seguros de la Superintendencia de Seguros de la Nación; Darío Bonanno, juez del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N.º 33; y Marcelo Aiello, gerente general de CESVI Argentina.
Esa composición no es un detalle protocolar. Es, en sí misma, una respuesta a la pregunta de fondo: investigar fraude hoy exige cruzar criterios que ninguna disciplina cubre por sí sola.
Los casos que definieron la edición 2026
En la categoría Automotores, el primer puesto fue para Malena Blanco, de Rivadavia Seguros, por "El espectro de la IP"; el segundo, para Sofía Micaela Vigna, de La Segunda Seguros, por "Insurtech: el caballo de Troya"; y el tercero, para Camila Daniela Parodi, también de Rivadavia Seguros, por "El mejor postor".
En la categoría Otros Ramos, el primer puesto lo obtuvo Lucas Dorin, de Rivadavia Seguros, por "Manual para volcar un camión 30 veces"; el segundo, Paula Gerosa, de Provincia ART, por "La mudanza invisible"; y el tercero, Rodrigo Sanga, también de Provincia ART, por "Crónicas de un fraude mal actuado".
Los títulos, casi literarios, no son casuales: reflejan hasta qué punto investigar fraude se volvió un ejercicio narrativo tanto como técnico, de reconstruir una historia a partir de evidencia dispersa.

La paradoja de 2026: más sofisticación, pero también más método
El análisis de los casos presentados permitió identificar una doble evolución que probablemente defina la agenda del sector en los próximos años: la diversificación y sofisticación de las modalidades de fraude, en paralelo a una mayor profesionalización de las áreas encargadas de prevenirlo e investigarlo. Las maniobras actuales combinan conocimiento del negocio, vulnerabilidades digitales, documentación aparentemente válida y participación coordinada de distintos actores, un patrón que ya no responde al estafador individual sino a estructuras más organizadas.
Frente a ese escenario, las investigaciones más sólidas requieren un abordaje integral, basado en el cruce de evidencia documental, testimonial, digital, financiera y contextual. La incorporación de herramientas como el análisis de direcciones IP, metadatos, geolocalización e inteligencia artificial amplía las capacidades de detección, aunque —y este matiz importa— el criterio y la experiencia profesional siguen siendo determinantes para interpretar los indicios y relacionarlos entre sí. La tecnología expande el campo de visión; no reemplaza el juicio humano que decide qué mirar.
De la investigación puntual a la política de prevención
Una investigación adquiere mayor valor cuando sus resultados permiten transformar un caso puntual en una mejora permanente. La generación de nuevos controles, alertas y protocolos no solo contribuye a evitar o recuperar pérdidas, sino también a reducir riesgos futuros: de ahí que el ahorro acumulado informado —los mencionados $2.314.603.598— no agote su valor en el monto evitado o recuperado, sino que también se refleje en el riesgo futuro neutralizado y en las mejoras estructurales que fortalecen la prevención en toda la actividad aseguradora.
"El valor del intercambio de experiencias que promueve el concurso radica en la posibilidad de transformar cada investigación en un aprendizaje que contribuye a anticipar nuevas modalidades de fraude y fortalecer la prevención en el sector asegurador", señaló Marcelo Aiello, gerente general de CESVI Argentina, al cierre de la ceremonia. Para Aiello, el certamen "se consolida como un espacio de referencia para visibilizar buenas prácticas, compartir experiencias y promover una mirada colaborativa frente a una problemática que evoluciona junto con la propia industria".
El concurso contó con el apoyo de la Superintendencia de Seguros de la Nación (SSN), la Asociación Argentina de Cooperativas y Mutuales de Seguros (AACMS), la Asociación Argentina de Compañías de Seguros (AACS), Aseguradoras del Interior de la República Argentina (ADIRA), la Asociación Argentina de Productores Asesores de Seguros (AAPAS) y la Asociación Argentina de Medicina del Seguro (SAMS). Los partners de la edición fueron Galicia Seguros, La Segunda, MAPFRE, RUS, Sancor, San Cristóbal, Rivadavia Seguros y Zurich.
La implicancia que queda para 2027
El mensaje que deja esta edición trasciende el podio. En un mercado donde el fraude evoluciona al mismo ritmo que la tecnología disponible para cometerlo, la ventaja competitiva ya no está solo en detectar el próximo caso, sino en institucionalizar el aprendizaje de cada investigación como política de prevención. La pregunta que queda abierta es si el sector asegurador argentino logrará escalar ese modelo colaborativo —jueces, reguladores, aseguradoras y academia compartiendo criterio bajo un mismo espacio— antes de que la sofisticación del fraude vuelva a tomar la delantera.
