El vector de ataque que ninguna tecnología puede bloquear | Por Fabián Descalzo

 

Cada dos años, la humanidad duplica la cantidad de datos que genera. Según IDC, la esfera global de datos superará los 175 zettabytes para 2025 — un volumen que hace apenas una década era literalmente inconcebible. A ese crecimiento se suman la IA generativa, el IoT industrial, la computación en la nube híbrida, los entornos multicloud y la expansión del trabajo distribuido. Más tecnología. Más datos. Más conexiones. Y, en consecuencia, una superficie de ataque que crece a la misma velocidad exponencial.

El problema es que la sofisticación tecnológica no arrastra consigo la madurez humana. Y ahí está la brecha.


La tecnología crece. El usuario, no necesariamente.

Cuando una organización incorpora una nueva plataforma, implementa un sistema de gestión en la nube o habilita el acceso remoto para sus equipos, automáticamente amplía su perímetro digital. Cada nuevo dispositivo conectado, cada integración de API, cada cuenta de usuario habilitada es un punto de entrada potencial. Los equipos de seguridad invierten en herramientas de detección, en arquitecturas zero-trust, en cifrado de extremo a extremo. Es necesario. Pero insuficiente.

El informe Cost of a Data Breach 2023 de IBM establece que el costo promedio global de una brecha de seguridad asciende a 4,45 millones de dólares. Y el Data Breach Investigations Report 2024 de Verizon confirma que el 68% de esas brechas involucra un elemento humano: phishing, credenciales comprometidas, errores de configuración, ingeniería social. No son vulnerabilidades de código. Son vulnerabilidades de comportamiento.

La tecnología falla por diseño o por bug. Las personas fallan por desconocimiento, por rutina, por exceso de confianza o por fatiga. Y ese tipo de falla es mucho más difícil de parchear con una actualización de software.

 

Una brecha en tres dimensiones

El desconocimiento del usuario no es monolítico. Se manifiesta en al menos tres dimensiones críticas que, combinadas, amplifican el riesgo de manera exponencial:

Ciberseguridad operativa. La mayoría de los colaboradores no tiene claridad sobre qué constituye un comportamiento de riesgo en su trabajo diario: usar redes Wi-Fi públicas para acceder a sistemas corporativos, reutilizar contraseñas entre plataformas personales y profesionales, o hacer clic en un enlace sin verificar el remitente. Conductas cotidianas, invisibles para ellos, con consecuencias potencialmente devastadoras para la organización.

Privacidad de datos. Con el GDPR europeo, el Convenio 108+ y la Ley 25.326 en Argentina como marcos de referencia, las organizaciones tienen obligaciones concretas respecto a cómo sus empleados recolectan, almacenan, comparten y eliminan datos personales. Sin embargo, el empleado promedio no sabe qué es un dato sensible, no reconoce cuándo está incumpliendo una política de privacidad y no entiende las implicancias legales de un tratamiento indebido.

Gobernanza de datos. La gestión responsable de la información — saber qué datos existen, dónde residen, quién accede a ellos y con qué propósito — es un proceso organizacional que requiere cultura, no solo herramientas. Cuando los colaboradores no entienden los principios básicos de gobernanza, los controles técnicos se vuelven ornamentales.

 

La paradoja de la inversión tecnológica

Lo que observamos en organizaciones de toda escala en Argentina y Latinoamérica, es que existe una paradoja estructural: las empresas invierten de manera creciente en infraestructura de seguridad mientras mantienen presupuestos mínimos — o nulos — en la formación continua de sus equipos.

Es como reforzar las paredes de un edificio con acero blindado y dejar la puerta de entrada sin cerradura.

 

El World Economic Forum lo plantea con claridad en su Global Cybersecurity Outlook 2024: el factor humano sigue siendo el riesgo más subestimado en las estrategias de seguridad corporativa. No por falta de evidencia, sino por una concepción errónea de que la seguridad es un problema técnico antes que cultural.

La transformación digital genuina no es solo adoptar tecnología. Es elevar la capacidad humana al mismo ritmo que se elevan los sistemas. Cuando esa ecuación se rompe, el vector de ataque más peligroso no está en la dark web: está adentro de la organización, operando con buenas intenciones y sin el conocimiento necesario.


¿Tu organización está cerrando esa brecha?

En BDO desarrollamos CIBERKNOW, un programa de concientización y capacitación continua en ciberseguridad, privacidad y seguridad de la información diseñado para organizaciones que entienden que la cultura es el control más robusto que existe. Porque no alcanza con tener las mejores herramientas si las personas que las operan no saben cómo protegerlas.


BDO Argentina: Ciberseguridad y Gobierno IT



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