Blog - Tecnologías | Infraestructura
La Ciudad Autónoma de Buenos Aires aspira seguir adelantándose en el sector de las tecnologías de la información y comunicación (TIC) entre las vecinas jurisdicciones competidoras.
En los últimos días se ha dado a conocer la noticia de que la legislatura de la Ciudad Autónoma ha ideado un proyecto de creación de un polo tecnológico de nivel internacional que se radicaría en la zona sur de la misma, específicamente en Parque Patricios.
Esto evidencia que la Ciudad quiere y desea estar a la altura de los grandes polos tecnológicos del mundo con grandes desarrollos en los sectores de la innovación y Software y Servicios Informáticos (SSI).
En este espacio tecnológico, los beneficios que se ofrecerían a las empresas que se radiquen en el mismo son, entre otros, la exención por 10 años del pago de impuestos por ingresos brutos y sellos; subsidios para la capacitación de sus empleados; exención, por tiempo determinado, del pago de impuesto por alumbrado público y limpieza a los profesionales que vivan allí, etc.
Ahora bien, el origen de los polos de innovación tecnológica está intrínsecamente ligado a la hasta ahora exitosa experiencia de Silicon Valley. Allí, la innovación tecnológica erigió tal desarrollo económico que a partir de que esos aspectos fueron distinguidos más allá de sus límites, en todo el mundo se ha buscado imitar el fenómeno.
Países y regiones en general, universidades y empresarios, etc., han intentado repetir y renovar los fenómenos que allí se provocaron de una forma casi espontánea y esa tentativa de reproducción de las experiencias del Silicon Valley, en distintas expresiones y momentos, ha llevado a la creación en todo el mundo de lo que se ha dado en denominar Parques Tecnológicos.
Silicon Valley es visto mundialmente como el polo de innovación tecnológica por excelencia. Simboliza el anhelo de muchos representantes de crear sus propios Silicon Valley, concibiendo circunstancias análogas para alcanzar un número trascendental de empresas de gran valor agregado, con ejecutivos y personal ricos, que cultivan prácticas de vida enérgicas y consumen y ahorran en un sitio terrestre mínimo.
Los resultados beneficiosos de estas agrupaciones empresarias son variados. No solamente crean tecnología de primer nivel, sino que el fenómeno económico que se despliega a su alrededor es multiplicador: los inmuebles acrecientan su valor, el consumo, los servicios financieros, la infraestructura, la demanda laboral y de capacitación y todas las demás variables de la economía se perfeccionan.
No obstante, podríamos preguntarnos por qué existe Silicon Valley en California y no en otros territorios. Uno de los componentes de la respuesta es el capitalismo, pero indiscutiblemente que por sí mismo no revela todo.
Un pilar esencial para entender la cuestión es que podemos identificar visiblemente que la creación de los grandes polos tecnológicos se desarrolló junto a grandes universidades.
Las universidades deben formar mentes innovadoras y, además, suministrar la tecnología con la que se sustentan las empresas. Un polo tecnológico sustentable es un buen ejemplo de cómo una universidad no se detiene en la exploración de laboratorio sino que se relaciona con el mundo externo y siendo un segmento clave en el dinamismo empresarial. Y no se trata sólo de producir software y microprocesadores, sino que la formación debe ser de excelencia en todas las áreas.
Otro pilar esencial es la protección de la Propiedad Intelectual. Un régimen eficaz de protección de Propiedad Intelectual deriva un estímulo vital para la creación de empresas que asumen con su capital el peligro de brindar al mercado productos que pueden fracasar en recibir el amparo de la sociedad.
Es por ello que, si el marco jurídico e institucional no resguarda las producciones de las empresas, de nada vale que se faciliten exenciones impositivas, o situaciones ambientales e intelectuales acertadas o se colme de científicos bien remunerados una zona geográfica pequeña. Simplemente no va existir innovación tecnológica, porque no van a existir incentivos para el riesgo.
Sólo hay inversión de largo plazo cuando, además de incentivos económicos, las inversiones se sustentan con seguridad jurídica.
Por Martín Carranza Torres y Macarena Pereyra Rozas (Carranza Torres & Asociados)
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El autor Macarena Pereyra Rozas es miembro desde el Jueves, 06 Agosto 2009.
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