La seguridad es un “arte” en sí misma, dado que se debe proporcionar seguridad sin que sea perceptible estéticamente, por ejemplo, para los asistentes a un evento y disuasoria para los que intentan delinquir, en cualquier ámbito de una ciudad.
La seguridad debe hacerse presente sin que llegue a ser una piedra que nos agobia y que entra en nuestra intimidad, por ello es que muchos empresarios o comerciantes son renuentes a ella.
Aunque el concepto de seguridad es tan antiguo como la humanidad, hasta fechas relativamente recientes había riesgos, peligros y amenazas que se consideraban “castigos” divinos o de la naturaleza y que contra ellos no se podía hacer absolutamente nada, o la falsa creencia que el delito le ocurre a otros, pero en la actualidad se considera que podemos y debemos precavernos de cualquier riesgo contra nuestra seguridad, bien sea de forma preventiva o mediante autoprotección y reacción.
Quiero aclarar que la seguridad total no existe y lo que podemos lograr conociendo nuestros riesgos y vulnerabilidades, es evitarlos o minimizarlos.
En la mayoría de los Países de la Región, la respuesta de la seguridad publica no es la adecuada, por una serie de factores, donde se involucran además los temas de la justicia y los centros penitenciarios, la verdad es que el delito ha crecido significativamente, por ello es que la población en general debe asumir una conducta, una actitud de prevención, pero hacerlo ya como norma de vida, en todos los ámbitos incluyendo nuestras propias viviendas.
Todo proyecto de seguridad, se elabora y redacta de acuerdo con los llamados estudios de los factores: ambiente y entorno, riesgos y amenazas, medios y, nivel que se quiere alcanzar de seguridad.
No es lo mismo diseñar una seguridad para una instalación que se encuentre exenta, en un descampado o en lo alto de una montaña que en medio de una ciudad o incluso en una zona conflictiva socialmente. No es lo mismo las amenazas y riesgos que pueden tener un museo que una central nuclear. No es lo mismo los medios que puede implicar una institución pública o privada en una instalación que la que puede poner un honrado ciudadano para preservar su vivienda. Y por último no es lo mismo el nivel de seguridad que deberemos imponer a un banco que en la preservación de los materiales de una obra de construcción.
Un proyecto de seguridad demuestra su bondad cuando se enfrenta a la prueba de cuando alguien quiere vulnerarlo. Si no consiguen su objetivo, el proyecto ha demostrado su eficacia, en caso contrario hay que modificarlo.
El título de la presente nota es el difícil “arte” de la seguridad, pudiendo parecer un contrasentido que la seguridad sea arte. Un arquitecto o un ingeniero cuando construyen un edificio, una fábrica o un nave industrial, no sólo lo diseñan para que cumpla eficazmente con la función que requiera sino también tiene en cuenta su posible impacto visual, la ergonomía en el trabajo, el entorno urbanístico y otros aspectos que convierten una utilidad en arte. Pues bien lo mismo ocurre con la seguridad en su más amplio sentido.
Una ciudad es segura si ponemos un policía en cada esquina y cámaras de televisión por todos lados, pero desde luego sería agobiante, por ello el plan de seguridad ciudadana debe concebirse para que el ciudadano no se encuentre vigilado, pero con la sensación de que cualquier infracción producida va a ser inmediatamente reprimida.
En el año 2002, cuando fui invitado a Alemania a un curso de la OTAN, observé la poca existencia de policías en las calles, pero que aparecían como por arte de magia cuando se producía algún problema, bien de tráfico o de estricta seguridad, incluso un grupo del curso, fue testigo de cómo en el metro ante un incidente con unos cabezas rapadas, aparecieron de la nada más de 8 policías, que se encontraban de civil, mimetizados entre los ciudadanos, sin duda no se siente pero la seguridad esta allí.
Un museo es un lugar de arte en sí mismo, sería un contrasentido que en un afán de protegerlo, se diseñaran unos sistemas de seguridad y autoprotección que distorsionaran la visión que debe tener el visitante del conjunto artístico. No puede ponerse un extintor inmediatamente al lado de un “Goya”, por muy necesario que sea protegerlo del fuego. La seguridad debe estar acorde y hacerse patente con la función que se realiza en el lugar donde se presta, por eso se convierte en un arte.
Es importante que los que manejan temas de seguridad se capaciten en forma adecuada, se profesionalicen, pero no existe una carrera universitaria reconocida que titule a un profesional como técnico en seguridad. La consideración de que la seguridad también debe ser un arte, refuerza la necesidad de la reglamentación universitaria de la seguridad, sobretodo en estos tiempos.
Finalmente tenga mucho cuidado con los sistemas, equipos, elementos o servicios de seguridad con que cuenta, personalmente no recomiendo trasladar el 100% de su seguridad a terceros, uno tiene que estar involucrado siempre en actitud y control, de lo contrario, podría caer en el fenómeno de la falsa sensación de seguridad.
Por Cesar Ortiz Anderson.
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El autor Cesar Ortíz Anderson es miembro desde el Domingo, 02 Agosto 2009.
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