Blog - Metodologías y Legislación
A nadie escapa que el Estado es y será siempre un enorme consumidor de tecnología. Los gobiernos prudentes han evitado todo lo que pudieron el entrometerse a definir y elegir una determinada tecnología por sobre otra.
Por el contrario, han determinado cuáles eran las necesidades en cada caso y en base a ello han recurrido al mercado de empresas privadas para que les provean las soluciones necesarias, reconociendo y garantizando siempre los derechos de propiedad intelectual de los proveedores de tecnología.
Precisamente, el régimen de propiedad intelectual es profundamente capitalista; está basado en un modelo económico y social que premia a quienes hacen las cosas bien y castiga a quienes las hacen mal. Puede uno estar o no de acuerdo con los principios, pero si quiere entender el fenómeno no puede soslayar estos elementos.
Tomando como ejemplo el caso estadounidense, si bien hay importantes innovaciones tecnológicas a lo largo de toda su historia, la exacerbación del tecnotropismo (definido brevemente como la permanente tendencia cultural de la humanidad hacia la generación y aplicación de la tecnología) parece haber nacido y haberse alimentado hasta hacerse insaciable durante la Guerra Fría. La adquisición de computadoras para organismos de defensa y para la NASA fue descomunal.
La Guerra Fría fue sin dudas una prueba de fuego para el sistema capitalista norteamericano. El bloque occidental sufrió una primera lamentada derrota en la carrera por defender el modelo: la Unión Soviética parecía estar ganando la carrera espacial, dado que había empezado a poner en órbita naves espaciales tripuladas con humanos, trayéndolos de vuelta a la Tierra con vida.
La respuesta del presidente Eisenhower a la llamada “Crisis del Sputnik” en 1957, que dio muestras de la capacidad que tenía por entonces la Unión Soviética para aprovechar militarmente la tecnología satelital, fue el lanzamiento de un plan de apoyo a la ciencia y la tecnología, el cual incluía la Advanced Research Projects Agency (ARPA), cuya primera misión fue la de crear una red que conectase las computadoras del Departamento de Defensa norteamericano a fin de evitar la falta de comunicación que podía llegar a producirse ante un eventual ataque soviético a la infraestructura de comunicaciones. A partir de entonces, la agencia ha estado encargada del desarrollo de nuevas tecnologías con fines militares y de seguridad nacional.
En efecto, la creación del ARPA en 1958, institución académica esponsoreada por aquel departamento, lejos de implicar un modelo de innovación estatal de tecnología, fue un aporte del gobierno a la comunidad para que se aproveche de investigaciones realizadas con fondos públicos.
Sin ser lo mismo, es similar al modelo de licenciamiento de software “BSD” (Berkeley Software Distribution), en virtud del cual, como los conocimientos generados son el resultado de una investigación realizada con fondos públicos, toda la comunidad debe beneficiarse con ella. Si alguna empresa privada gana dinero con ellos, bienvenido sea. No es el objetivo principal, pero de ningún modo está prohibido. ¿Acaso no hay cientos de miles de empresas de todo el mundo que ganan dinero con Internet? Internet es una consecuencia de las investigaciones de ARPA que las empresas enriquecieron con creatividad y fin de lucro.
Muchas de las innovaciones tecnológicas originadas en proyectos financiados por ARPA son aprovechados hoy en día por la comunidad mundial; el principal de ellos, Internet, que tiene sus orígenes en la red ARPANET. Además, desde un principio ARPA mantuvo una fuerte relación con las principales instituciones académicas de Estados Unidos, como Carnegie Mellon, Harvard, MIT, Stanford, entre otras, y fue un excelente proveedor de “materia gris” para el sector privado, como lo prueba la cantidad y calidad de científicos que pasaron a las filas de laboratorios de investigación como Palo Alto Research Center, de XEROX.
Es por esto que el Estado puede hacer aquello que las empresas no quieren, no pueden o no saben, para que luego éstas, quieran, puedan y sepan transformar los conocimientos en masivos para múltiple beneficio de toda la comunidad.
Adaptación de extractos del libro: Derecho de la Innovación Tecnológica. Una historia del tecnotropismo capitalista, Abeledo Perrot, Bs. As., 2008, Segunda Parte, Cáp. 4.
Fuente: Portal de Seguridad
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El autor Martín Carranza Torres es miembro desde el Jueves, 06 Agosto 2009.
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