Desde el tiempo de la Grecia clásica, el hombre se cuestiona acerca de la realidad. La mente humana y la percepción a través de nuestros sentidos han estado en el centro de la discusión y después de 2500 años, seguimos planteando los mismos interrogantes.
Sabemos que nuestra percepción está limitada por nuestros sentidos. Hay sonidos fuera de la frecuencia que nuestros oídos pueden escuchar, o colores más allá de los que nuestra visión puede distinguir y así hasta comprender que sólo percibimos una pequeñísima parte de lo que nos rodea.
La conclusión casi obvia entonces, es que existe una realidad infinita a la que no tenemos acceso. Nuestra mente, para poder procesar esta lógica, se limita a considerar real, sólo aquello que ve, oye o siente, y olvidamos que hay una realidad mayor, infinita, que existe aunque nosotros no podamos siquiera imaginarla.
De todas formas, como somos más o menos iguales, podemos captar realidades similares, y a pesar de procesarlas o interpretarlas de modos particulares, llegamos a coincidir en la percepción e interpretación de una gran cantidad de cosas y hechos. Es así que el lenguaje, nos permite la comunicación rápida de ideas, conceptos, relatos, etc. No necesitamos dibujar una mesa para que el interlocutor entienda de qué estamos hablando. La simple palabra “mesa” hará que el interlocutor forme en su mente la imagen de una mesa con la función utilitaria que esta cumple, sin necesidad de mayores detalles.
Ahora bien, para que la comunicación sea efectiva, es necesario un aprendizaje previo y un condicionamiento social que hace que todos entendamos aproximadamente lo mismo. La evolución del aprendizaje se ha dado en los últimos siglos de manera disímil en el mundo, con variados métodos, en forma limitada, contemplando cuestiones religiosas y costumbres de cada pueblo y mayoritariamente dentro de grupos familiares o corporaciones y gremios. En los últimos doscientos años, con los grandes cambios sociales producto de la revolución industrial, el gran crecimiento poblacional, la formación de los estados nacionales, el desplazamiento de la población hacia las ciudades, y la necesidad de incorporar nuevas formas de control social, se han desarrollado sistemas educativos manejados centralizadamente y con contenidos universales, a la vez que se incrementa la participación social y la influencia de la opinión pública en la construcción de los nuevos estados.
La democracia moderna parece entonces ser la mejor manera de lograr que la realidad de todos sea la mejor posible. Pero dijimos antes que la realidad era una percepción humana severamente limitada por nuestros pobres sentidos, y que además precisamos de un aprendizaje y condicionamiento social previo para poder percibir cosas similares. Aquí es donde cobra entonces gran relevancia la construcción de esa realidad. Y por qué hablo de “construcción”? Porque al igual que Don Quijote de La Mancha construyó su realidad luchando contra enemigos imaginarios (los molinos de viento), hoy la realidad es construída de muchas formas, y cambiada rápidamente.
Las sociedades modernas cuentan hoy con una batería de conocimientos y condicionamientos obtenidos en el sistema de enseñanza, que ya sea público o privado, comparten pautas y contenidos generales. A esto hay que sumarle los medios de comunicación masivos, las redes sociales y profesionales, las religiones y creencias compartidas y la propaganda política.
Este gigantesco combo de condicionamientos e información, van construyendo el relato social. Un relato que contiene una cierta realidad adaptada a la intención del que la construye. Es entonces esta realidad, efectivamente real? . Parecería que podemos decir que sí, pero sólo para un momento y un lugar. Por qué? Justamente porque es una construcción con un objetivo determinado.
Pongamos un ejemplo actual. Hoy se habla mucho sobre el “femicidio”, una construcción del movimiento feminista para diferenciar o clasificar un homicidio. El homicidio es el asesinato de un “hombre” en la acepción de ser humano, por lo cual abarca mujeres y hombres, pero el movimiento feminista quiere llamar la atención sobre lo que ellos llaman violencia de género, que también es otra construcción de la realidad. Si vamos a los números fríos, veremos que el “femicidio” en nuestro país constituye aproximadamente el 10% de los homicidios totales, sin embargo está cobrando una relevancia desproporcionada con esta realidad estadística. Por qué? Simplemente porque hay un movimiento social que a través de la construcción de una realidad, pretende lograr modificaciones en la legislación para diferenciar esta clase de homicidios del resto.
Habiendo ilustrado entonces, mi punto sobre la construcción de una realidad, paso a referirme a la construcción de un relato.
La construcción de un relato, es un proceso más largo y pensado. Tiene que ver con efectos más duraderos y objetivos de largo plazo. Se basa en creencias, y apela a la repetición constante de conceptos para lograr internalizarlos. Son mecanismos de defensa o ataque y una vez instalados, son muy difíciles de modificar. Suelen basarse en el desconocimiento, y en la complejidad de los conceptos que se desdibujan para construir el relato beneficioso a su creador.
Como ejemplos cotidianos, podemos plantear algunas frases que todos seguramente escuchamos en el trabajo, y que a lo largo del tiempo se constituyeron en “verdades incontrastables”.
Algún usuario diciendo “el sistema se volvió loco”, para justificar que hizo algo distinto de lo que debía hacer, aunque en un único caso, lo cual seguramente se debe a que ingresó datos incorrectamente, o ejecutó procesos inadecuados, ya que ningún sistema puede “volverse loco”.
Simplemente no tiene esa capacidad.
Algún político diciendo que “la inflación la generan los empresarios cuando aumentan los precios”, cuando cualquiera que haya estudiado un poco de economía sabe que la inflación se genera por el aumento desproporcionado de los medios de pago, que dicho más sencillamente es la emisión monetaria sin control del Banco Central.
Y así podremos encontrar infinidad de situaciones donde la complejidad favorece la creación del relato para lograr una fácil defensa o un ataque que beneficie al que utiliza el relato.
Luego de esta breve exposición, basta entonces concluir con algunas recomendaciones.
Siendo la realidad, una percepción compartida, intentemos conservar nuestra particular visión crítica, para poder discernir entre la creación intencionada del relato, y el relato objetivo ( o cuasi objetivo, ya que no creo que exista la objetividad absoluta).
El cuestionamiento constante, las preguntas adecuadas, y la profundización del conocimiento son las mejores armas para lograr una mayor independencia, y poder obrar en consecuencia.
Por Héctor H. D’Agostino, Contador Público.
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El autor Héctor D'Agostino es miembro desde el Lunes, 07 Junio 2010.
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