- ¿Te veo enojado, qué te pasa…?
Estaba concentrado en mis papeles, pero rápidamente pude pensar - “¡cómo me conoce esta piba…!” así que lenta y pausadamente me saqué los anteojos, suspiré y la miré.
No había advertido que llevaba polleras y que eso realmente avivaba su figura y la hacía lucir juvenil. Siempre pienso en estos casos que soy bueno eligiendo secretarias… Bueno, el tema es que en efecto, estaba ofuscado. ¿Cómo lo supo…?. Era el momento de indagar, y quizás también de hablar del asunto, a ver si se me pasaba.
- Si, Gise, quizás esté un poco disgustado… pero no con vos….
- Bueno, excelente! Entonces quizás te pueda ayudar a que te desenojes - sonrió – no querés un café...?
- No, mil gracias…- dije, guardando los papeles que tenía adelante de mí.
- Quizás pueda explicártelo con una parábola… ¿Viste cuando vas a tomar el colectivo y te tomás un minuto para que suba el que está arriba del primer escalón, y el chofer te arranca…?
- Si! Me pasa seguido! – dijo Gisela mientras se sentaba en la silla enfrente al escritorio y apoyaba sus codos en la mesa para seguir escuchando.
- Bueno, eso me pasó hoy, antes de venir para acá. Y me dio bronca…
Arqueó más las cejas, y se notó que le interesaba la comparación. La verdad, era bonita..! pero, dejando mis pensamientos de lado, continué:
- Estaba en la mesa de la Fundación Clementina – y como vi su cara de extrañeza, me vi obligado a adicionar:
- Si, Gi…que te conté, te acordás..? Esa que está armando Carlos Pallotti con un conjunto de prestigiosos colegas de la informática, tratando de contribuir a las políticas tecnológicas del país… - entonces, vi su gesto de asentimiento y pude continuar.
- Bueno. Resulta que se estaban planteando diversos temas que podrían ser acciones que en el futuro resulten interesantes para que se potencie la actividad, y en un momento empiezan a comentarse temas que me son muy caros, los de educación… entonces yo quería comentar algunos proyectos que deberíamos pensar seriamente a futuro, en particular los del secundario, que cada vez anda peor, tal como lo vemos regularmente en la universidad…
- Seguro, - asintió Gi – cada vez salen mas burros…
- Entonces estaba mentalmente armando la frase que quería decir, y quienes tenían la palabra, creo que hablaba Esteban Di Tada, no me dejaban meter bocado… Claro había como treinta personas en la mesa, y yo me mojaba los labios a cada rato para salir con mi frase, y no había caso. En un momento me distraigo con mi compañero de al lado, el prestigioso abogado Antonio Millé, en un comentario banal, y escucho que Pallotti desde la cabecera, pregunta, “y eso es así en la UTN, Carlos?” y me mira. Y yo como estaba en otra, no sé que entendí, y salí con un “Si, tengo contactos en la UTN” ¡No tenía nada que ver mi respuesta! Algunos sonrieron y entonces me vi obligado a replantear “¿cual era la pregunta?”
Pallotti me repreguntó entonces: “Te preguntaba… ¿Hay muchas menos mujeres que varones en la UTN?”

Debo decirte, Gi, que no sé como habían llegado a hablar de la cantidad de mujeres por cohorte en ese segundo de mi distracción, ¿de qué estaban hablando? Así que contesté improvisadamente y obviamente, mal, y ya me desubiqué por un buen rato, porque me di cuenta de que había contestado una gansada… tanto que hace un rato tuve que mandar un mail a Clementina para rectificarme de mis cifras.
- Bueno…. Por eso me quedé calentito. No pude decir lo que quería en el momento justo, después la conversación se desvió a otro tema y me sentí como vos cuando se te escapa el colectivo… con bronca!
Me miró como que le estuviera contando una historia de Salgari.
- Ay, Carlos! Que complicada la hacés… Ese no es un motivo para que te enojes, es una tontería…
Yo sé cuando las mujeres tienen razón. Y esta vez la tenía. A veces uno a esta edad se termina embalando por boberías.. Me tuve que justificar y dije.
- Sabes que pasa, Gi…? Después me termino olvidando si no las digo ahí justito…Te embronca tener algo en la punta de la lengua y no decirlo en el momento que se debe…
- Mirá, Carlos, hace rato que te conozco, así que dale, olvidate, ahora andá y pensá un ratito, escribi las cosas que querés decir y después les mandás un mail a toda Clementina con tus opiniones y ya está. Entendiste? Y ahora voy a hacerte un buen café así se te pasa de una vez.
Y allí Gisela, se levantó y se fue para la cocina. Me hizo acordar a mi mujer…
Entonces me di cuenta que ella me entendía más a mí que yo a ella. Y que como todo tipo de la informática siempre hago más grande las cosas de lo que son.
Cuando llegó el café estaba sonriente, así que me permití, canchero, decirle:
- Un día de estos te voy a invitar a tomar un buen café… dale…?
Me miró fulminante. Me dejó la taza enfrente, casi con un dejo de “tomá, acá tenés..” y mientras se iba, sin yo poder darle las gracias, me espetó:
- Que querés decir..? Que yo no los hago buenos..?
Ahí me di cuenta de mi error. Pero ya era tarde. La vi irse con sus polleras cortas, miré sus piernas, pero no me importó.
Ahora iba a tener que ir yo a preguntarle – “¿Te veo enojada, qué te pasa...?”.
Autor: Carlos Tomassino
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El autor Carlos Tomassino es miembro desde el Martes, 10 Noviembre 2009.
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