Abrí la puerta y escuché cómo se cerraba un cajón del escritorio de Gisela.
- “Ahá!, te agarré!” pensé, “…estabas haciendo algo que no querés que me entere…jaja..!”.
Con una sonrisa pícara, me dirigí directamente a mi oficina, pues llevaba unas cuantas tesinas del Seminario que debía leer.
- Hola, ¿cómo vamos…? ¿alguna novedad….? – dije mientras derramaba las carpetas sobre mi escritorio, algunas se me caían al piso, y yo lanzaba una interjección.
Gisela apareció rápidamente, dándome un rápido beso y ayudándome a levantar las carpetas.
- ¿Cómo estás…? Viniste cargado, parece…
- Ahá! - dije yo estirando los brazos como si hubiese traído varios pares de guías telefónicas…
- No llamó nadie – me anticipó - y tengo café recién hechito…
- Dale…! Traeme uno cargado… tengo que leerme todo esto… - dije señalando las carpetas mientras me sacaba el saco y lo colgaba.
Solícita, Gisela fue hasta la cocina y enseguida apareció con dos tazas humeante y se sentó frente mío.
- Ya tiene edulco – dijo.
La miré, diciendo “gracias” en voz baja, pero viendo que se quedaba ahí quietita con su taza en la mano, le dije:
- Bueno, parece que tenemos algo que charlar, no…?
- Si – dijo revolviendo su cucharita, y luego escurriéndola con los labios y dejándola sobre una servilletita – quería que me contases lo de CAECE que me adelantaste por teléfono….
- Ahhh! – sonreí – Sí, algo insólito y satisfactorio… - Y mientras tomaba el primer sorbo, agregué – Resulta que me llamó el Rector y me propuso dirigir la carrera de Sistemas…
- Ay! Qué buena noticia…felicitaciones!!! – y dando vuelta al escritorio me dio un beso.
- Gracias, Gi… sabés a mi edad que te oferten laburo, a veces me suena increíble… pero en verdad, me siento sumamente halagado… - y agregué – Vos sabés que pasé por cargos similares durante muchos años en la UB y en la UTN, lo que me pone en una situación muy cómoda pues he reunido toda la experiencia… Aparte CAECE siempre me sonó como una gran institución… con larga trayectoria… Es más, yo ni estudiaba Sistemas, y CAECE lanzó su primera Licenciatura allá por 1967…
Gisela sonrió y dijo, primorosa:
- No quiero saber tu edad, ¿pero vos cuando empezaste…?
- Y Gi… - dije, mientras trataba de pensar cómo no darle pistas para que calculase mi edad – mirá.. jeje…!, yo empecé a trabajar en Computación por el 64, cuando era estudiante de ingeniería en la UBA y quería trabajar… Tenía una novia que se quería casar y a mi me faltaba bastante… Entonces, entusiasmado por lo que me daba la programación en ese entonces, trabajaba en Pirelli que era una empresa grandísima, con muchas horas extras, y largué la carrera. Pero al cabo de un par de años me di cuenta que ganaba mucha plata, pero sin un título universitario no iba a llegar a ninguna parte…
- Cómo ahora! – señaló Gisela
- Exactamente! Cómo ahora..! Así que por el 68 ya había oído del CAECE y fui a averiguar qué era eso de ser “analista de sistemas” y cuando estaba decidido a a anotarme también surge la carrera en la UTN de Medrano, y entonces, en ese momento por una cuestión de horarios, opté por la de Medrano, y allí empecé.
- ¿Y cuando te recibiste?
- En el año 71 de Analista y en el 74 de Licenciado…
Ingenuamente y como pensando, Gisela dijo algo que me mató:
- Mirá vos…Diez años antes que yo naciera…
En ese momento no reaccioné, yo seguía con mi perorata:
- La verdad, si uno pudiera decirle a los chicos que hoy empiezan a estudiar y dejan ante cualquier problema nimio, lo importante que ha sido para mí, tener el título universitario a lo largo de estos años…
Solo cuando vos ves al cabo de estos años que todos tus logros han pasado por el esfuerzo de estudiar y trabajar durante algunos pocos años, entonces entendés por qué hay que ayudar a que estos vagos estudien… Todo se amortiza con el tiempo y el resultado de ser ingeniero o licenciado se ve recompensado luego con creces… En cambio, sin un título a los 40 te volvés un chambón…
Gi – dije tomando el último sorbo – estar en el ambiente universitario trae beneficios incalculables….
- Hasta tener una asistente como yo – dijo mirándome sonriente y tomando las tacitas vacías, se las llevó para la cocina.
Cuando la miraba irse, con su remera azul y sus pantalones negros, me di cuenta otra vez la hermosa figura que tenía mi asistente.
Estuve a punto de decir algo a tono con ese pensamiento, pero volvieron a mí sus palabras respecto de cuándo había nacido… Eso me bloqueó:
“Qué tarado que soy…!” pensé, “cómo se me ocurre a mí hablarle a Gisela de épocas tan lejanas. ..? Si debo parecerle un jurásico informático…”
Autor: Carlos Tomassino
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El autor Carlos Tomassino es miembro desde el Martes, 10 Noviembre 2009.
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