Volvía de un pantagruélico almuerzo en el Hotel Madero. Sebastián Bellagamba me había invitado con otros colegas, no muchos, a este almuerzo que organizaba el Capítulo Argentino de la Internet Society y si bien no había tomado mucho vino, debo reconocer que en el taxi volvía somnoliento…
-“¿Cómo vamos, jefecito…?”, fueron las palabras de Gisela, sonriente, apenas me vio cruzar la puerta.
Recién en ese momento pensé, - “¿Tendré olor a alcohol…? ¿Cómo tendré la corbata, derecha…? ¿Estaré caminando bien…?”
A decir verdad, me gustaba tener una secretaria como Gisela. Joven, morocha, linda y de tez blanca, un día se me había aproximado en la Facultad, al tiempo de aprobar mi materia y “de prepo” me encaró y me dijo: “Profe, todavía no tenés secretaria…? Me gustaba que mis alumnos me tutearan… Más allá de la práctica usual de los jóvenes, me hacía sentir un poco más joven…
Claro, yo había comentado en ese curso que “el día que tuviese secretaria, mis apuntes serían ordenados…”. Después habíamos hablado sobre por qué un profesional y docente de la informática debía tener una oficina: “Para que mi mujer no me eche de casa…”, y todos rieron. Esta vuelta, yo, rápido, había contestado “Tendría secretaria si fuese como vos…”. Nos reímos, y ahí me dijo que estaba intentando hacer sus primeros pasos en la docencia, que le gustaría ser ayudante y una beca es una secretaría que estuviese relacionada.
Di varias vueltas antes de dar el sí, no fue inmediato, pero al final me convencí: “¿Quién puede preparar un café mejor que una secretaria…?” Así que arreglé un honorario razonable, acordé un número de horas y di el sí. Su ingreso había estado bueno, ese primer día vino temprano, hablamos de su lugar, su PC, el manejo del teléfono, los desordenados archivos y placares… y obvio, como manejar la cafetera…
-“¿Qué tal, Gi… cómo anduvo todo hoy…?”- entré rápidamente y llegado a mi escritorio, me tiré al primer cajón donde guardaba las pastillas de menta – “¡Ahh…!- dije, como distraído- “… no te dí un beso… perdón…”
- “¿Cómo estuvo el almuerzo?”- me preguntó mientras se acercaba a darme el beso de bienvenida.
- “¡Interesante…! Sabes, tenía una vaga idea para qué servía la Internet Society, pero ahora, me parece que no sólo interesante… sino importante!
- “¿Ahá?”- me preguntó inquisitiva.
- “Mirá… la IS es una ONG fundada en 1992 para manejar los estándares de Internet, y preocuparse por la educación, y las políticas de accesibilidad, usabilidad, seguridad, nuevos usuarios, en fin, todo… Se organiza en capítulos y existe una IS Argentina que fue sede de una reunión mundial. Resulta que ésta se llevó a cabo hasta hoy por la mañana (15 de Octubre 2009) en la Cancillería Argentina bajo el nombre “PRESENTE, FUTURO Y DESAFIO DE LA INTERNET PARA TODOS” en el marco del “INET Meetings Program” desarrollado por la Internet Society mundial y que tenía por objetivo debatir sobre los desafíos más importantes que enfrenta hoy Internet”.
-“¿Y vos fuiste…?”- fue la pregunta.
-“No. Me invitaron solo al almuerzo, y allí se presentaron algunas conclusiones… Escuché todo lo que se dijo, y me pareció interesante señalarle a Sebastián y a los interlocutores que pensaba que la Universidad debía participar, por lo menos como una pata más de este capítulo argentino. Les pareció bien y convinimos que aprovechando la materia Proyecto Final en la UTN y en la UNLaM entre otras que yo participo, poder darles a los chicos algunas nociones básicas de cómo enfrentar este tema…”
-“Pero no entiendo el problema…”- dijo Gisela mientras se sentaba en el borde del sillón.
-“Es simple. El tráfico de Internet con más de 1.600 millones de usuarios se volverá cada vez más complejo. En la medida que nosotros que tenemos un alto grado de uso de la Web, nos comprometamos en este tema con más gente, en este caso alumnos próximos a recibirse de ingenieros, estaremos en mejores condiciones de discutir la problemática mundial, y quizás podamos tener mayor ingerencia en díaque se decidan cosas mayores, como la Web 3.0…”
-“Eso está rebueno… ¡buenísimo! Me interesa a mi también…- allí se paró y dándose vuelta dijo –“Dale, te dejo que voy a terminar las notas que me pediste…”- Ya se iba, y me dijo sin mirarme – “Te voy a traer un cafecito negro… así no te quedás dormido sobre tu máquina…”-
No hay duda: estas pastillas no sirven de nada…
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El autor Carlos Tomassino es miembro desde el Martes, 10 Noviembre 2009.
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