Cada vez que voy a una librería me sorprendo (es la pura verdad) de todos los libros que podemos encontrar sobre liderazgo. El abanico de autores es también realmente grande. Es obvio que la cantidad de hojas puede variar, los encontramos desde pocas hojas en donde los autores mezclan conceptos de liderazgo con alguna situación ficticia, estos generalmente son los más buscados porque son más fáciles de leer. Los que generalmente me llaman la atención son los “grandotes”, su peso dado por el gramaje de las hojas pueden ser peligrosos, si se apilan muchos en una sola mano.
Cuando me siento en la librería a tomar un cortado, me llevo uno de los grandes y lo abro en el índice. Una gran variedad de temas son los tratados, desde como convertirte en un líder exitoso, hasta los pasos que deberías seguir paulatinamente para llegar a ser el “líder más exitoso de tu organización”.
Muchos de estos libros realmente tienen un packaging asombroso, de solo verle la tapa ya te atrapa, además si está mezclado con alguna tipografía hermosa, podemos decir que tenemos una “Bomba” de marketing en nuestras manos que estalla ni bien abrimos el libro.
A medida que uno pasa las hojas el efecto principal se puede diluir o intensificar. Un libro, a cada persona, lo afecta de distinta manera. Mientras tomo el cortado, que preparan con un café exquisito, los aromas se entremezclan con los conceptos. Las páginas siguen pasando y me doy cuenta que quiero seguir leyendo pero no lo puedo terminar así que lo compro, no uso tarjeta de crédito por lo cual desembolso efectivo y me lo llevo a casa para leer antes de dormir.
La situación anterior se repite y me doy cuenta de un factor recurrente, muchos libros lo que intentan hacer es teorizar el liderazgo, como si fueran principios matemáticos y a mi entender ahí esta el error.
No hace falta escribir 500 hojas para describir el liderazgo, no hace falta tener en nuestra biblioteca 20 libros sobre el liderazgo. Cuando en definitiva el liderazgo es obedecer pocas reglas sencillas que me gustaría compartir:
- Si en tu oficina te toca tener un sillón “mullido” nunca te olvides lo que es sentarte en una silla de madera, es más, si cada tanto podes sentarte un par de días en la silla de madera no estaría demás.
- “Nunca dejes de chapotear en el agua”: quién alguna vez no se divirtió chapoteando cuando llovía, cosas que se hacen cuando uno es chico, hay ciertas cosas que siempre generan felicidad. Desde cuando ser “líder” es un martirio, un estigma que nos azota día a día y solo con un par de litros de café podemos superar un día más.
- Viví junto a tu gente: las estadísticas son importantes, los presupuestos son “SAGRADOS”, la planificación es “BENDITA” pero las personas son el Corazón, la manera de trabajar está representada por el ritmo cardiaco, es la verdadera razón por la cual funciona todo el sistema. Siempre hay tiempo para sentarte con “tu gente”, hablar sobre aspectos que no son laborales, saber el estado de animo de las personas, conocer su fecha de cumpleaños y hasta quizás el día que cumple años llamarlo un segundo después de las doce y despertarlo.
La vida es corta. Las personas pasan mucho tiempo en la empresa, a la mayoría suele deprimirlos. Si logramos crear un excelente ambiente de trabajo, podremos esperar incrementar la eficiencia de nuestra gente y convertirnos en el líder que aspiramos ser.
“Nuestro trabajo es como una gran obra de arte, cada día le damos una pincelada más. No olvidemos que hasta la “Mona Lisa” empezó siendo un lienzo en blanco.”
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El autor Ignacio Javier Farias es miembro desde el Sábado, 10 Noviembre 2007.
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