Escrito por Martín Carranza Torres Viernes, 03 de Septiembre de 2010 00:00
A nadie escapa que el Estado es y será siempre un enorme consumidor de tecnología. Los gobiernos prudentes han evitado todo lo que pudieron el entrometerse a definir y elegir una determinada tecnología por sobre otra.
Por el contrario, han determinado cuáles eran las necesidades en cada caso y en base a ello han recurrido al mercado de empresas privadas para que les provean las soluciones necesarias, reconociendo y garantizando siempre los derechos de propiedad intelectual de los proveedores de tecnología.






















A raíz de las revelaciones de que la red militar de EE.UU. se ha visto comprometida en el 2008, y que los intereses de EE.UU. digitales están bajo una amenaza de ataque constante, el Pentágono está estableciendo nuevas iniciativas de seguridad cibernética para proteger Internet. 

El caso de Carolina Píparo, la joven embarazada que fue baleada durante una salidera bancaria, desató el debate sobre cómo evitar este tipo de flagelo.
Las empresas están pasando el “problema tóxico” de PC a mercados secundarios de países en desarrollo que no siempre están equipados para liderar con la eliminación de este tipo de residuos de manera amistosas con el medio ambiente. Sin embargo, de acuerdo a un observador de la industria de la computación, las PCs representan solo la punta del tempano de los desechos electrónicos.
Como consultores, muchas veces ingresamos a la empresa para implementar un proyecto y vemos una cantidad de factores que van surgiendo, en la tarea cotidiana, que conspiran contra un buen resultado. Por ejemplo, el Compromiso de la Dirección en todas las etapas del proyecto. 























