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¿Más café? Omar Alejandro Lopez Ortega



-Mas café?
-Si, gracias...
Su mirada inquieta, ansiosa ,el  lo busca entre las gotas de lluvia, a través de las miradas de la gente que pasa, dentro de la música, alterando todo con su mirada...
Todo se sacude sutil pero profundamente cuando se posan sus ojos que buscan, el lo sabe, el puede hasta quemar el aire con los ojos, pero esto es otro tipo de violencia,  ahora solo quiere captar, oír, ver los detalles que indican cuando va a llegar, cuando va a comenzar a abrirse lentamente ese papel que se despliega dentro de su mente, ese papel que nadie ha leído todavía, ese papel que siempre esta doblado a la mitad y cuando lees todo lo que dice se desdobla, y cada vez que se desdobla tiene el doble de cosas nuevas dentro para leer. El papel ha crecido en progresión geométrica desde la primera vez que lo leyó, ya no tiene la cuenta de cuantas veces se ha desdoblado, esta perdido, realmente perdido...
Más café... y de pronto viene: de todos lados a la vez, en la canción que suena en ciclo continuo en los auriculares desde hace años, en el aire que ahora vibra y palpita como transmitiendo un mensaje, en las miradas de la gente que pasa que pierden el sentido de los que las llevan para construir otra cosa...
Se desata su mano y la pluma escribe  con letras de oro en el papel mágico: secretos, historias, formulas, circuitos, códigos. La pluma se desespera sobre las hojas de la libreta, el sabe que su memoria es frágil, sabe que la magia dura poco: una , dos , tres paginas, la red de papel sigue atrapando ideas, hoy es una buena pesca…

-Mas café?.
-Si, gracias!.
Aunque luego no pueda dormir, aunque la cabeza le duela horrores, aunque a veces ni siquiera pueda anotar por lo abrumador del peso de lo que escribe, aunque a veces sus manos tiemblen por la mezcla de demasiado café ,y el temor a que haya aunque sea una remota posibilidad de que lo que escribe sea cierto, aunque sienta que la pluma abre la puerta, a que los cielos e infiernos que contiene su mente se materialicen en el mundo, pero al mismo tiempo no puede evitar reconocer, que si elige bien, hay cosas realmente buenas, sueños realmente hermosos que también pueden materializarse, y el ha probado de las dos cucharas, y ha comprobado que sus fantasías, son solamente la primer etapa de fuerzas arrolladoras, sobre las que no va a tener control si permite que se desaten...
Por eso sigue, aunque los doctores se lo hayan prohibido, aunque los demás piensen que es un esfuerzo inútil, aunque lo hayan tachado de loco, soñador o estúpido, o peor aun, de genio incomprendido, adelantado a su época o visionario, todas formas igualmente amables de decirle que lo que intenta nunca va a ocurrir...
Y el ni siquiera puede culparlos, el conoce ese temor de primera mano y no puede echarles la culpa de que intenten defenderse de lo demasiado profundo, lo demasiado increíble, lo demasiado bueno, si apenas ha podido protegerlos de lo demasiado malo...
Por eso que mas da, si solo quedan el y su libreta, si no puede abandonar esa disciplina que disfraza su obsesión y fascinación por ver lo que nadie ha visto todavía, si dejo de ser profesor y estudiante para ser un pescador, si sus ojos se cansaron de leer y ahora solo quieren ver A TRAVÉS.
-Mas café?
-Si…
La taza se llena de ideas, de historias de mundos arrasados, de guerras sin fin, de ciencias desconocidas y nombres de dioses nuevos…
Todo cobra y pierde sentido, se retuerce entre las nubes sobre una colina, en el papel sobre la mesa de un café, en los rayos que salen desde la tierra hacia el cielo…
Y el sabe que esta jugando con fuego, que hace ya mucho que se quemo y el fuego esta ahora dentro de sus ojos, sabe que no hay marcha atrás…
Un corte en la conexión, un doloroso parpadeo, la visión del papel se nubla, basta por hoy, el enlace con lo divino se quiebra, hora de pedir la cuenta, hora de saludar al terrible dolor de cabeza, hora de recordar en fragmentos sin sentir ni entender, hora de pagar el precio de asomarse al infinito…
Pronto llegaran las horas de insomnio, las pesadillas de luz, las palabras incomprensibles que lo despiertan con un haz de pánico, los frustrados intentos de construir los circuitos, escribir los programas, solo para descubrir que no sabe lo suficiente, que lo que necesita aprender no se enseña, mientras revisa libros aturdido, con ese insoportable dolor de cabeza, hasta que el dolor ceda poco a poco, en uno, dos, tres días, y vuelva a ser la hora de:   Más café.


Por Omar Alejandro Lopez Ortega

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